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miércoles, 30 de octubre de 2013

El perdón

PERDÓN


Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas. (Mateo 6:14-15 NVI).

Para dar inicio a nuestros dos temas principales que son el perdón y la amargura quiero primero dar un concepto como tal de la palabra perdón

¿Qué es el perdón?

El perdón es la acción por la que una persona, el perdonante, que estima haber sufrido una ofensa, decide, bien a petición del ofensor o espontáneamente, no sentir resentimiento hacia el ofensor o hacer cesar su ira o indignación contra el mismo, renunciando eventualmente a vengarse, o reclamar un justo castigo o restitución, optando por no tener en cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las relaciones entre ofensor perdonado y ofendido perdonante no queden afectadas o queden menos afectadas. 

Algo enredado ¿verdad?

Yo lo definiría de esta manera:
El perdón es poner al preso en libertad y descubrir realmente que el prisionero soy YO.

Si, tal como lo escuchas! Todos somos prisioneros cuando no perdonamos y esto nos lleva a amargarnos como tal, sin saber lo que la otra persona siente realmente.

El perdón es mucho más que palabras.

Muchas veces pensamos que el pedir “disculpas” es realmente perdonar, en la vida diaria que vivo como joven me he dado cuenta que la mayoría de personas les es muy fácil “pedir disculpas” que pedir perdón, ¿Cómo así no es lo mismo? No no es lo mismo, las disculpas las puedes utilizar de manera fácil e incluso muchas veces puede quedarse en palabras, el perdón va mucho más allá que una simple palabra, el perdón es una decisión, una motivación, un puente a la reconciliación, lo que sucede es que muchas veces cambiamos esta palabra por las disculpas pensando así que ya hemos hecho mucho y que quedas libre de tu carga cuando en realidad lo único que creamos son excusas para esconder esa carga y así no liberarla quedándonos con remordimientos e incluso odio en nuestro propio corazón sin darnos cuenta realmente de lo que es, ya que lo escondemos con una capa de protección llamada “disculpa”.

Tipos de perdón:
·         Perdón pleno/parcial: En el perdón pleno, el perdonante "perdona y olvida", es decir, no sólo decide no odiar al perdonado, sino que recupera la relación de confianza oamor con el perdonado, como si la ofensa no hubiera tenido lugar. En el perdón parcial, el perdonante decide no odiar al perdonado por la ofensa recibida, pero no se recomponen totalmente las relaciones preexistentes.
·         Perdón condicional/incondicional: En el perdón condicional, el perdonante subordina algunos o todos los efectos del perdón al seguimiento por parte del perdonado de ciertas reglas de conducta o al cumplimiento de cualquier otro tipo de condición.
·         Perdón expresado/tácito/no expresado: El perdonante puede optar por comunicar expresamente al perdonado la concesión del perdón, o bien por hacérselo ver por hechos más o menos concluyentes, o bien optar por no comunicarle de modo alguno la concesión del perdón.
·         Perdón espontáneo/solicitado: El perdón solicitado es el que se produce tras la petición de disculpas del ofensor, el espontáneo tiene lugar sin tal petición.
·         Perdón humano/divino: Según quién sea quien perdona, Dios o el ofendido, el perdón será divino o humano.

Poniéndome a observar estos diferentes tipos de perdón llego a la conclusión en que el perdón no debe ser divido por tipos sino que debemos llevarlo a un nivel más elevado y es el nivel donde Dios  obra, el nivel espiritual.

En lo espiritual el perdón puede tomar todas las explicaciones anteriores unirse en uno y definirlo como el perdón que tiene Dios sobre nuestras vidas y sobre nuestros pecados.


Como tal debemos tener en cuenta que somos pecadores de nacimiento, sin embargo es nuestra decisión poder cambiar ese ámbito pecador a ser santificados por la gracia de Dios y ser perdonado de su parte para vivir agradándole a él y ser parte de su reino, porque Dios nos ama de una manera sobrenatural, y llegar hasta tal punto de mandar a su hijo unigénito para que diera su vida por nosotros y nos permitiera ser perdonados por todos nuestros pecados por medio de su sangre para así poder renovar nuestra relación con Dios y ser santificados por él.

¿Realmente he perdonado?

Dicen que el que perdona se parece más a Dios, porque uno de los atributos más importantes es la misericordia y el perdón de él, porque si no hubiera perdón Dios no podría tener una relación con nosotros, cuando perdonamos demostramos fortaleza hacia los demás, el perdonar es un atributo de los fuertes, normalmente pensamos que somos débiles cuando perdonamos pero en realidad es carácter, fortaleza en nuestro carácter.

¿Cómo me doy cuenta si no he perdonado?

El espíritu Santo te lo revela, en este punto voy a contar un poco acerca de mi testimonio, normalmente en mi vida como Cristiano que he llevado, me daba cuenta que cuando el pastor hablaba acerca del perdón hacia las demás personas me daban ganas de llorar y de pedir perdón, pero no me daba cuenta a quien, y un día en una discusión con mi papá me di cuenta que a la persona que debía perdonar era él, a pesar de sus dificultades, quizás malos ejemplos debía entender que él hacía lo mejor por mi equivocadamente y que a pesar de todo lo que haya pasado en el transcurso de mi crecimiento y quizás esos malos ejemplos me llevaron por un camino que no era bueno para mi, debo darme cuenta de lo que soy HOY realmente y que Dios siempre estuvo pendiente de mi en todo momento, tanto que hoy me tiene sirviendo a él, entonces entendí lo que era el pasado y lo que soy hoy y decidí perdonar, cuando hablé directamente con él me bañé en lágrimas como un niño, porque era difícil para mi tenerlo en frente y dejar de recordar esas cosas de mi pasado, sin embargo tomé valor y le dije, papá quiero pedirte perdón por todo y empezamos a hablar y él también lloró, y me pidió perdón. De ahí en adelante la relación mejora.

Es evidente que cuando tomamos la decisión de perdonar eso motiva a la otra persona a perdonar, y que quizás en mucho tiempo esa persona ha estado pensando en pedirte perdón pero como no tiene el impulso que tenemos nosotros que es el Espíritu Santo, nosotros debemos dar siempre la iniciativa en todo momento, un paso delante de los demás para que las personas allá afuera se den cuenta que realmente Dios ha cambiado mi vida, de esa manera me doy cuenta cuando no he perdonado y cuando debo perdonar.

Es hora de perdonar, habla con esa persona, haz una cita, saca un tiempo, no importa lo que haya pasado y lo que te hayan hecho, es parte del pasado y hoy Dios te ha hecho nuevo precisamente para que puedas dejar atrás esa falta de perdón, si son tus padres perdónalos, recuerda que no siempre los vas a tener a tu lado y lo mejor es estar en paz con todas las personas antes de cualquier suceso que te impida hacerlo, hazlo ya, recuerda que perdonar libera y Jesús quiere cargar ese peso, pero debemos actuar y dejar que él actúe cuando vayamos a hablar con los demás acerca del perdón. ES HORA DE PERDONAR


Luis Felipe Torres

miércoles, 16 de octubre de 2013

Relación y Religión



Me acuerdo.

Mi corazón reflexiona por las noches; mi espíritu medita e inquiere: (Salmo 77:6).
Recuerdos de una relación con Dios.

Recuerdos y recuerdos.

Muchos de nosotros cuando llevamos un largo tiempo en el evangelio tendemos a recordar las épocas en que teníamos a Dios tan cerca que todo lo podíamos hacer y él se encontraba a nuestro lado.

La pregunta es ¿Se encuentra Dios a tu lado en este momento?

Hoy quiero decirte que la relación que debemos tener con Dios debe ser pura, plena, que nuestra relación no debe ser monótona y que esa relación debe perdurar por siempre en nosotros, de nada me sirve tener lindos recuerdos cuando en realidad solo se queda en recuerdos.

¿Cuándo nos damos cuenta que estamos en religión y no en relación?

Porque te sientes cargado, Porque  te sientes desanimado, Porque te sientes confundido, Porque sientes que nada te sale bien, es porque te has alejado de Dios y cuando te alejas de Él estas vulnerable a todo ataque del enemigo, Satanás aprovecha los momentos religiosos en nuestras vidas para atacarnos, puede que sirvas a Dios, puede que no sirvas a Dios sin embargo la religiosidad puede atacar a cualquier persona que haya tenido una relación con Dios.

Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento. (Mateo 3:8)
Hoy el Señor quiere decirte que no permitas que esto pase en tu vida, Dios quiere darte un mensaje importante, ATIÉNDELO, no dejes pasar la oportunidad de tener una relación con Dios, es importante aclarar que muchos tenemos un gran llamado sin embargo si dejamos nuestra relación a un lado y podremos escuchar la voz de nuestro papá y no podremos saber por qué camino coger y seguramente vamos a confundir el propósito de Dios en nuestras vidas.

RECUERDA: Vale más una relación cercana que una religión lejana.

La religiosidad te lleva a la iglesia, al servicio, pero sin pasión, sin gozo, con confusión, con monotonía, lo haces por hacerlo o porque te has acostumbrado seguramente, piensas que el mensaje que Dios te da es para otras personas y no para ti, son muchas pautas que debemos tener en cuenta para no caer bajo esa confusión que te hace pensar que estás por buen camino, cuando en realidad Dios quiere decirte que él quiere tener una relación contigo, quiere mantener una relación contigo y quiere que tu sigas sus pasos por el camino correcto. 

ES HOY, DA EL PASO DE FE! DIOS QUIERE UNA RELACIÓN NO UNA RELIGIÓN
.
Te invito para que saques unos minutos a dedicarle en oración, en meditar la palabra, HAZLO no permitas que se metan pequeñas cosas en tu cabeza y te confundan, tienes un Dios de palabra y él cumplirá el propósito de tu vida.

DIOS QUIERE TENER UNA RELACIÓN PERSONAL CONTIGO.


Luis Felipe Torres

sábado, 24 de agosto de 2013

La oración de un líder


LA ORACIÓN DE UN LÍDER

Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento. (Colosenses 4:2)

Dios anda en busca de gente que él pueda usar. Anda en busca de líderes, porque nada sucede mientras no haya alguien que proporcione el liderazgo. Todo se levanta o se derrumba de acuerdo al liderazgo que exista.

La eficacia en el liderazgo público está determinada por la vida privada del líder.

Nehemías, un hombre de oración: Nehemías era un hombre de oración, su diario privado, hecho público para nosotros por medio de su libro en el Antiguo Testamento, recoge varias de sus oraciones. A través de sus conversaciones con Dios, conocemos con mayor profundidad la vida privada de este hombre tan único.

Lo que es más aún: a Dios le gustaba responder las oraciones de Nehemías.

Cuando debe de orar un líder:

Antes de hacer cualquier otra cosa, los líderes deben orar.  Cuando Nehemías escuchó el informe acerca de Jerusalén Lloró, hizo duelo, Ayunó y oró. Más aún, no oro por unos cuantos minutos solamente, ni siquiera por unas horas, sino que oró por UNOS DÍAS.

¿Has pensado alguna vez que hace que algunas personas se conviertan en líderes y otros en perdedores? La diferencia es:

LOS LÍDERES LE DAN A LA ORACIÓN LA MÁS ALTA PRIORIDAD; LOS PERDEDORES HACEN DE LA ORACIÓN SU ÚLTIMO RECURSO.

Hay personas que viven en un constante estado de agitación, activas, en continuo movimiento, orientadas hacia grandes logros y metas que se encuentran siempre ocupadas pero Nehemías decía:

Antes de hacer cualquier cosa debemos buscar un tiempo para orar.
Entonces no importa el tipo de persona que seas, estudiantes, padres, madres, esposo, esposa, el tiempo de oración es supremamente importante para que Dios guíe tus pasos como líder.

¿Por qué debe de orar un líder?

1.    Porque eso demuestra que dependo de Dios: A las personas nos gusta mucho sentirnos autosuficientes, cualquier problema que sea nos podemos enfrentar a él, pensamos que no debemos orar debido a que podemos solucionar este tipo de cosas. Jesús dijo, porque separados de mi ustedes no pueden hacer nada. (Juan15:5)
Solo por medio de una conexión perfecta con Dios podemos dar fruto en todo lo que nosotros hagamos.

2.    Porque eso nos aligera:  El liderazgo produce estrés, y el alivio se encuentra de rodillas. En la oración es donde podemos desahogarnos con Dios y librándonos de cargas que llegan a diario a nuestras vidas, solo él es el único que se hace cargo de nosotros y de nuestras propias cargas.

3.    Porque libera el poder de Dios: No hay nada que libere el poder de Dios como lo hace la oración de fe. La oración utiliza los mismos recursos de Dios, en la oración lo imposible se hace posible porque Dios actúa.

¿Cómo debe orar un líder?

Nehemías hace el molde de un como un líder debe orar a Dios.
_El basaba su petición en el carácter de Dios.
Dios anhela que nosotros lo conozcamos tal cual es y admitamos que dependemos de él. Hay tres tipos de cosas que debemos decir:
·         Eres Grande: la posición de Dios
·         Eres temible: el poder de Dios
·         Cumples tus promesas: la fidelidad de Dios
_ Confesaba el pecado que había en su vida.

Si desobedecemos a Dios en sus mandamientos debemos confesarnos delante de él y admitir que nos hemos equivocado, pidiéndole perdón a él para volver a levantarnos de su mano, la oración no debe ser egoísta y no por propia conveniencia, debeos confesar también los pecados de mi familia, mi trabajo y todas las personas que nos rodean, de esa manera tenemos presente a los demás en nuestras oraciones, porque para ser un líder debemos preocuparnos por la necesidad de nuestro prójimo.

_Reclamaba las promesas
Dios te ha dado muchas promesas cuando empezaste a caminar de su mano, a Dios nada se le olvida y el cumple lo que promete.

_Era específico:
Para obtener respuestas concretas a nuestra oración, tenemos que hacer también peticiones concretas.


Nehemías no tuvo miedo de orar para pedir éxito. Si Dios cumplió el propósito que tenía con Nehemías también lo hará contigo.

Luis Felipe Torres Tovar

Opinión sacado del libro Liderazgo con propósito - Rick Warren

lunes, 31 de diciembre de 2012

FELIZ AÑO NUEVO


Mensaje de Fin de año
Ya casi se acerca el fin del año y por lo menos a mí me parece una mentira de que todo allá sido tan rápido que casi no lo puedo creer.  Como es típico, al final de año muchos de nosotros pensamos en resoluciones para hacer: Comer menos; hacer más ejercicios; ser un mejor padre o esposo; gastar más tiempo con la familia; aprender a tocar guitarra, etc.  La lista de deseos es larga pero difícil de seguir.  Muchos de nuestros deseos y resoluciones, sin embargo, son aspiraciones generalmente materiales que aunque no tienen nada de malo seguirlos, aun así, son cosas que no nos van a ayudar necesariamente a ser mejores cristianos.
Entonces si uno quiere tomar un paso más hacia delante, uno puede tratar de ser más espiritual; es decir, acercarse más a Dios.  Quizás entonces, dentro de esta segunda categoría de resoluciones, las obras de caridad siempre son las primeras en resaltar en las mentes de la mayoría de las personas: Ayudar al necesitado; alentar al afligido; apoyar a la iglesia; ser voluntario para alguna causa, etc.
Dentro de la tradición cristiana evangélica, los frutos o consecuencias de la santidad se podrían definir de formas similares pero (a la misma vez) se podrían alcanzar solo de acuerdo a lo que nuestros ojos muchas veces nos permitan ver (por eso es importante observar la palabra para alcanzar santidad tal como la Biblia nos indica y que pueden ser algunas veces contraria a lo que nuestras propias deseos nos pueden enseñar).  
En mi opinión, por lo menos debe haber alguna consideración de nuestra parte, especialmente para aquellos que están empezando a caminar el sendero estrecho, el camino difícil del verdadero Cristianismo.  En este caso es recomendable leer la Biblia rápidamente al comienzo, y creo que 12 meses es un tiempo razonable, pero eventualmente creo que todo cristiano también debería leer las Santas Escrituras detenidamente, con detalles, y esto sí es algo que nos va a tomar más de un año: Toda una vida diría yo. Realmente yo por lo menos no ceso de descubrir las cosas que Dios quiere comunicarme por medio de su palabra.
Entonces, creo que estos dos tipos de resoluciones que acabo de mencionar (las que yo llame materiales y espirituales) son muy buenas para tomar, muy aconsejables, y sobre todo totalmente posibles si uno tiene una fuerza de voluntad para hacerlos.  Hay que reconocer que Dios también nos ha dado una conciencia y un espíritu de esfuerzo personal para poder alanzar muchas de las metas que uno puede humanamente trazarse.  Pero (siempre son necesarios estos “peros”) uno no debe olvidarse que si de verdad uno quiere crecer espiritualmente, uno lo puede hacer solo con la ayuda de Dios, y no a través de nuestros propios esfuerzos personales.
Si uno trata de madurar espiritualmente usando nuestras propias fuerzas, lo más probable es que uno se quede estancado (1 Corintios 3:2), pero si uno trata de crecer usando el poder del Espíritu de Dios, entonces uno si va a lograr a ser más como Cristo (pues en resumidas cuentas, buscar la santidad significa ser como Cristo.

El tema de crecer espiritualmente usando las fuerzas de Dios, y no la de nosotros, merece un énfasis especial por ser primero y antes de nada doctrina central del cristianismo, y también para diferenciar logros éticos de los espirituales.
Algunas personas que intentan dejar los vicios tales como el cigarrillo u otras cosas, muchos lo intentan por medio de sus propias fuerzas y no con la ayuda de Dios, es cierto que hay muchas medicinas hoy en día que ayudan a controlar las ansias de fumar pero eso más adelante trae una consecuencia utilizando mentiras humanas para dejar un vicio.
Si Dios en su soberanía decide interceder por nosotros en la forma de un milagro o señal sobrenatural, amén, que así sea, pero no creo que el Todopoderoso quiera utilizar mentiras humanas para engrandecerse a Sí Mismo.  Dios no lo necesita.  Logros no justifican las formas.  Dios es un Dios santo.  Espero que en esto si haya sido claro.
Me he dado cuenta que las cosas buenas que hagamos no dependen de nosotros, sino de Dios. El Espíritu Santo es el que a las finales realmente nos da el aliento y las fuerzas para hacer el bien: Para escoger santidad sobre pecado.
No es que vayamos a tratar de pretender — de ninguna manera — de ser hombres perfectos ni nada por el estilo; pero si, por lo menos, tratamos de caminar hacia esa dirección y como siempre digo, Dios es Todopoderoso y nos puede transformar si realmente se lo pedimos. Obviamente para lograr este propósito, nosotros tenemos que tratar también de gastar tiempo con el Señor orando, leyendo la Biblia, ayunando para permitir que Dios haga estos cambios en nuestros corazones. Estas tres Últimas cosas mencionadas son el tiquete perfecto para poder viajar cogido de la mano con Dios.

Entonces tratar de buscar santidad en el año 2013 sería una de esas resoluciones que creo que a Dios le agradaría más, pues como cristianos no debemos de conformarnos de ser como los demás (Romanos 12:2), sino que debemos de buscar santidad y de allí todo lo demás nos será añadido (Mateo 6:33).

Para el beneficio espiritual de nosotros como personas es la decisión de buscar santidad, no significa tampoco ser religioso y gastar necesariamente más tiempo en la iglesia y con nuestros amigos “cristianos”, creo que se podría definir a la santidad como un tipo de “proceso” que envuelve tiempo buscando a Dios en oración y ayuno si fuera posible.  También (como decía antes) creo solemnemente que parte de esta búsqueda incluye tiempo leyendo y proyectándonos en la palabra de Dios.  La santidad es entonces un proceso que estoy absolutamente seguro que aunque no la lograremos aquí en este mundo, pero con la ayuda de Dios estoy seguro que si podamos continuar con la meta específica que Dios ha trazado para nosotros.
Entonces si hablamos de resoluciones, ¿por qué este año no tratamos de trazar una meta que quizás no nos agrade tanto a nosotros mismos sino a Dios? Después de todo, nosotros fuimos creados para agradar a Dios, para tener esa comunión perfecta con nuestro Creador.

Solo cuando tratamos de agradar y de obedecer a Dios nos vamos a poder sentirnos gozosos de verdad, y verdaderamente les digo que la felicidad y el gozo del Señor si vale la pena.  No es como esa felicidad temporal y superficial que este mundo nos ofrece.  Digo temporal porque solo dura unos momentos, horas o (en casos extremos) días.  Superficial porque no es un gozo de verdad, sino un gozo que es a medias, un gozo carnal que nos podrá hacer reír o movernos rápidamente sin que realmente sintamos nada en nuestros corazones, sin que realmente expresemos los verdaderos frutos del Espíritu (Gálatas 5: 22-23).

El gozo del Señor entonces es real y verdadero porque viene del corazón, porque allí en el corazón es donde mora Cristo, nuestro gran Rey y Salvador.  Realmente todos tenemos sed y necesidad del Espíritu Santo, pero no todos sabemos cómo satisfacer esta sed y por eso muchas veces pensamos que logrando algunas metas en particular vamos a ser felices.  Metas que nos ayuden a hacer mejores personas o seres humanos pero no necesariamente mejores creyentes en Cristo.
Sí, es verdad, comer menos nos va a ayudar a perder de peso.  Hacer ejercicios nos ayudara a sentirnos más saludables físicamente.  Aprender a tocar guitarra u otro instrumento musical nos podrá ayudar a sentirnos mejor y más seguros de nosotros mismos.  Todas estas son metas buenas y dignas.  Pero solo buscando santidad — gastando más tiempo con el Señor en oración, leyendo y deleitándose con la Palabra de Dios — solo haciendo estas cosas Dios nos va a bendecir espiritualmente y nos va a equipar para su obra, y en el proceso (porque de nuevo pienso la santidad es un proceso espiritual no un acto instantáneo) vamos a ser felices.
Lo importante entonces no es el cómo sino el que.  El cómo nos lo dirá el Señor cuando nos sometamos a Él de verdad.  El que es aferrarse a Dios en su presencia para ser como Jesús.  Las metas quizás al comienzo no parezcan ser claras pero estas incluyen definitivamente santidad y el hacer la voluntad de Dios vendrá naturalmente.  Las herramientas nos la dará el Señor por medio de los dones espirituales que Dios y solo Dios decida en darnos, de acuerdo a la necesidad de su Iglesia.  Los medios son las obras que hagamos, y estas incluyen no solo oración y la lectura de la Biblia sino eventualmente también cursos bíblicos.  Las obras de caridad saldrán también naturalmente de nosotros, pues estas son también parte del cómo y no del que.

Los planes específicos para con nosotros dependen de Dios, lo cual Él nos los mostrara a nosotros solo cuando nos hayamos sometido a Dios por completo.  Buscar la santidad es el comienzo de una vida plena en el Señor.  Quizás ya no podamos seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo físicamente como lo hicieron Pedro, Juan y los demás apóstoles; pero buscar la santidad es la forma actual de seguir los pasos del Rey espiritualmente.  Quizás nos parezca en estos momentos una idea clara, una decisión espiritual difícil de entender, pero conforme caminemos en el camino estrecho y difícil, Dios nos podrá guiar con metas más específicas que incluyan no solo obras de caridad, sino mejores funciones y basadas en los dones que Dios nos haya dado, para equiparnos al propósito perfecto que Dios y solo Dios haya trazado para nosotros.

El año 2013 podría ser el último que conozca esta civilización, tal y como la conozcamos ahora.  No estoy tratando de proferir eventos escatológicos (el día y la hora solo lo sabe Dios) pero sí creo que siempre tenemos que estar preparados para su venida (que es lo que tenemos que acordarnos de los días finales). Ahora más que nunca es importante poner prioridades en lo que hablamos y decimos.  Ahora me he dado cuenta que es inútil tratar de envolvernos con argumentos teológicos acerca de temas como lo son el tipo de ropa que debemos vestir; el argumento sobre si la salvación se pierde o no; sobre el orden cronológico de la separación y el sufrimiento, u otros temas secundarios que solo pueden malgastar nuestro tiempo en vez de alcanzar a los inconversos. Ahora más que nunca, pocos deben ser los teólogos, muchos los evangelistas.  Quizás estos temas sean importantes para los que predican o estudian teología pero creo que las masas tienen necesidades espirituales más urgentes.

La meta de la santidad no es para muchos, debe ser para todos.  Santidad a Dios entonces incluye compartir con otros lo que nosotros estamos experimentando en nuestros corazones todos los días.  Hablar de la misericordia y de la gracia de Jesucristo es necesario antes del fin de los tiempos.
Porque no podemos, ni debemos, dejar de hablar lo que hemos visto u oído (Hechos 4:20).   Porque Dios es un Dios Santo (Levítico 19:2), tres veces Santo (Isaías 6:3 y Apocalipsis 4:8), por eso nosotros también debemos de buscar la santidad (1 Tesalonicenses 4:1-12).

Definitivamente para este nuevo año tenemos muchos propósitos por cumplir y muchas metas que trazar pero nada sería mejor para nuestro Señor que entre todos nosotros tuviéramos un propósito en común tal como traer muchas almas para Cristo y que puedan disfrutar de su salvación.

FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS Y QUE DIOS LOS LLENE DE BENDICIONES Y MUCHOS ÉXITOS.

Luis Felipe Torres Tovar.

martes, 27 de noviembre de 2012

El derecho a equivocarnos


El Pecado, ¿Noción mandada a recoger?
La noción de pecado ha sido impugnada desde muchos frentes en la edad moderna, como si fuera un concepto primitivo y anacrónico propio de épocas pasadas pero que deberíamos ya dejar atrás. La psicología, especialmente en el campo del psicoanálisis, le restó importancia y en el mejor de los casos lo despojó de sus connotaciones morales por considerarlas lesivas para la autoestima del individuo y con un potencial traumático para la personalidad. Aun la teología cristiana liberal decidió sacar al pecado del cuadro, al punto que la memorable, sucinta pero precisa descripción de esta teología hecha en el siglo XX por el teólogo norteamericano Richard Niebuhr mantiene toda su vigencia al referirse a ella de esta manera: “Un Dios sin ira, lleva a gente sin pecado, a un reino sin juicio, mediante la obra de un Cristo sin cruz”.
Finalmente, el pensamiento secular al consagrar como uno de nuestros presuntos derechos el llamado “derecho al libre desarrollo de la personalidad” le expidió al pecado su carta de defunción, pues implícito en este derecho se encontraría nuestra prerrogativa a equivocarnos como parte irrenunciable del libre y saludable desarrollo de la personalidad.
Así, pues, ante la imposibilidad de esconder de manera absoluta nuestros pecados por mucho que se les quiera justificar o maquillar con fachadas de respetabilidad, hoy hemos optado por disimularlo e incluso hacer ostentación de él al designarlo con uno de los muchos eufemismos que el pensamiento políticamente correcto ha puesto en boga.
Entre estos podemos señalar que ya no es bien visto decir
“prostituta” sino “trabajadora sexual”. No es correcto “sudar” sino “transpirar”. Es ofensivo señalar la “raza” de alguien, pues ya no existen las razas sino las “etnias”. Por consiguiente ya ni de cariño se le puede decir “negro” a alguien, así lo sea, sino que hay que referirse a él como “afrodescendiente”. Pero tampoco se le puede decir “blanco” al individuo de cabello y ojos claros y con escasa pigmentación en su piel, sino “caucásico”. Si alguien se nos acerca con “mal aliento” es solo impresión nuestra, puesto que lo que en realidad tiene es “halitosis”. Y si tiene el pésimo gesto de soltar “gases” en público ya no se le puede reprender, sino compadecerlo por sus incontinentes “flatulencias”. Algunos incluso han llegado a creer que “político” es un eufemismo para “corrupto” al punto de señalar como una redundancia la expresión “políticos corruptos”. ¡A tal grado de imperdonable confusión nos ha conducido el pensamiento políticamente correcto! Pero, bromas aparte, de la mano de este sistemático recurso a los eufemismos consagrado por el pensamiento políticamente correcto hemos llegado a creer que ya no cometemos “pecados” sino que, a lo sumo, cometemos “errores”. Y lo hacemos debido a que éste es, al fin y al cabo, nuestro derecho. Después de todo “errar es humano” reza la sabiduría popular, pues “nadie es perfecto”. Expresiones populares que han dejado de ser una descripción de nuestra condición humana caída que admitimos y lamentamos con pesar, para convertirse en derechos inalienables que ya no afectan nuestra conciencia pues los damos por sentados con indiferencia o les prestamos escasa atención, cuando no los exhibimos con desvergonzado descaro.
Al amparo de todo lo anterior la expresión “perdonar es divino” ha dejado también de ser una forma de referirse a la inmerecida gracia que Dios concede a los seres humanos en Cristo, para transformarse en una obligación que Dios tiene para con los seres humanos, pues debe aceptarnos como somos, con todos nuestros errores e imperfecciones, y con mayor razón si somos creación suya.
En el ámbito de la iglesia es cada vez más habitual que los cristianos digan “cometí un error” cuando deberían decir “cometí un pecado”, como si ambas expresiones fueran intercambiables entre sí. Pero no es así pues el error puede ser disculpado pero el pecado sólo puede ser perdonado. Más exactamente, el error se arregla con una disculpa, el pecado únicamente con arrepentimiento y confesión. El motivo por el que llamamos error al pecado es la intención de mitigar su gravedad despojándolo de sus connotaciones éticas y morales para no tener que rendirle a Dios cuentas por él. Contrasta el hecho de que, mientras nosotros llamamos error al pecado para mitigar su gravedad, el rey David llamaba pecado a sus errores pidiendo perdón a Dios por ellos: “¿Quién está consciente de sus propios errores? Perdóname aquellos de los que no estoy consciente!” (Sal. 19:12). No le faltó razón a George Soros al declarar: “Cuando se comprende que la condición humana es la imperfección… ya no resulta vergonzoso equivocarse, sino persistir en los errores”.
Resulta muy dudoso llamar “errores” a acciones humanas como las que ocupan todos los días los titulares y las primeras páginas de todos los medios de comunicación en esta “aldea global” en que se ha convertido nuestro mundo. Son justamente las inocultables y dolorosas consecuencias de nuestros “errores” las que han llevado a la sociedad secular a tener que lidiar con ellas con desventaja, tratando de hallar su causa en fuentes externas al individuo, como si éste último fuera tan sólo una víctima de las circunstancias y cuya conducta salpicada de “errores” fuera simplemente una inevitable reacción condicionada por el entorno en que le ha tocado vivir.
Los psicólogos y sociólogos conductistas piensan que bastaría modificar este entorno para reducir y llegar a erradicar los “errores” en las vidas de las personas, intención muy loable pero al mismo tiempo ingenua pues insiste en ubicar en el lugar equivocado la causa de los mal llamados errores humanos.
La psicología y las ciencias sociales han contribuido de este modo a atenuar la gravedad de la culpa de los pecadores que transgreden las leyes humanas y divinas, lastimando a la sociedad de la que forman parte. Tanto así que muchos están convencidos de que, como lo afirma Jack Beatty: “La violencia en las calles tiene contextos sociales, no causas sociales”. Así, se dice que el contexto social condiciona la conducta de los transgresores de tal modo que pareciera que no les quedara más opción que actuar de la manera en que lo hacen. Incluso sus motivos para actuar de este modo estarían, entonces, determinados por el contexto social en el que les ha tocado vivir. Son simples víctimas de sus circunstancias.
En realidad, el pecado humano no se explica, —ni mucho menos justifica—, entendiendo los contextos sociales en los que tiene lugar y ni siquiera los motivos conscientes esgrimidos por los transgresores. Por eso, modificar favorablemente los contextos sociales podrá disminuir los delitos, pero no eliminarlos de ningún modo, pues los transgresores, pecadores irredentos, encontrarán nuevos motivos que les sirvan de pretexto para tratar de justificar sus transgresiones. No debemos, por tanto, confundir contextos, motivos y causas. Las ciencias podrán entender los contextos y hasta descubrir y explicar los motivos de la errática conducta humana, pero la verdadera causa de ella será para la ciencia siempre un misterio profundo cuyo poder escapa a su comprensión y que forma parte de lo que el apóstol llamó: “… el misterio de la maldad” (2 Tes. 2:7).
La Biblia penetra en este misterio, revelándonos que la causa de la maldad humana no radica en los contextos ni en los motivos, sino en una universal y radical corrupción de nuestra naturaleza que remonta sus orígenes a la caída en pecado de nuestros primeros padres Adán y Eva, en lo que se conoce como la doctrina del pecado original. A la luz de lo que vemos a diario en los noticieros de la noche y a nuestro alrededor, la doctrina del pecado original se vuelve una explicación tan lógica que se cae de su peso.
Sin embargo, la sociedad secular cierra sus ojos a esta lógica. No por nada el prestigioso psiquiatra Thomas Szazs decía con tono mordaz que “los criminales ya no son ejecutados; son tratados” añadiendo luego: “En realidad, la mayor parte de los criminales es normal, e incluso suficientemente inteligente para llevar a cabo crímenes muy complejos”. Y no se trata aquí de protestar contra los que impugnan la pena de muerte para los criminales sino más bien de protestar contra quienes niegan o atenúan su culpabilidad personal, ya sea atribuyendo su comportamiento criminal a causas congénitas, o peor aún: dispersándola en la sociedad de la que forman parte, cuyos miembros llegamos a ser “coculpables” con ellos al haber contribuido de algún modo a configurar la situación social que propició sus crímenes o que, al menos, los hizo posibles. Asimismo, al diagnosticar locura a los criminales acallamos nuestra propia conciencia rotulándolos como “enfermos”, incapaces de admitir la posibilidad de que en nosotros mismos exista un potencial para la maldad como el que los criminales en cuestión manifiestan. Así, pues, transformamos a los criminales atroces, de malvados y culpables, en enfermos y víctimas, para poder así dormir nosotros mismos con la conciencia tranquila.
Los “locos” se convierten así en los chivos expiatorios de las culpas de la sociedad de turno, de la mano de una “ciencia” que quiere hacernos creer que no somos realmente responsables por nuestros actos, pues estos estarían absolutamente condicionados por los genes, el medio ambiente o el entorno social, o todos juntos. Como quiera que sea, los “locos” incomodan a la sociedad porque dejan al descubierto el potencial para el mal de nuestra humana naturaleza o, en otras palabras, nuestra latente perversidad producto de nuestra naturaleza caída. Naturaleza caída que se comienza a manifestar, paradójicamente, en el escándalo que nos produce la misma noción de pecado.
De hecho una de las experiencias más exasperantes del ministerio pastoral en la que debemos con frecuencia declararnos impotentes, es tratar de llevarles el evangelio a esos “hombres de bien”, trabajadores y satisfactoriamente responsables en sus hogares con sus esposas e hijos, que pagan sus impuestos cumplidamente y que, en sus propias palabras “no le hacen mal a nadie”. Gente que no desentona para mal pero tampoco se destaca para bien. Personajes que pueden aceptar de manera entusiasta muchos de los aspectos del evangelio, incluso los milagros, pero que cuando se menciona el pecado, se retiran de la conversación y cambian el tema, algo incómodos, debido a que supuestamente eso no tiene nada que ver con ellos, gente imperfecta, por supuesto, pero al final de cuentas “gente de bien”.
La humanidad prefiere permanecer sumida en la mediocridad de las masas que reconocer la realidad del pecado en su propia vida. Prefiere moverse con algo de solvencia en la línea de los promedios o los estándares sociales. Prefiere ser parte de aquellos a quienes C. S. Lewis se refirió como esa mayoritaria “… infrahumanidad más o menos satisfecha”, por contraste con el minoritario grupo de “… grandes pecadores… capaces de auténtico arrepentimiento, pues son conscientes de su verdadera culpabilidad”. Pero por nuestro propio beneficio, haríamos bien en reconocer que todos formamos parte de este último grupo. El grupo de quienes dejan de considerar como simples “errores” todas sus salidas en falso y comienzan a llamarlos por su nombre verdadero que no es otro que “pecado” y renuncian de paso a seguir esgrimiendo sus errores y pecados como derechos adquiridos por el simple hecho de haber nacido en este mundo.

Por: Arturo Rojas*

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Comparaciones

No te compares


No te irrites a causa de los impíos, ni envidies a los que cometen injusticias; porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto. (Salmo 37: 1-2)

Uno de los obstáculos que nos impide avanzar es el compararnos, cuando nosotros nos comparamos con otros eso va impedir que avancemos.

En nuestra vida necesitamos puntos de referencia no para compararnos con ellos si no para que esos puntos de referencia sean un desafío para nuestras vidas.

Cuando nos compramos con alguien podemos tener un complejo de superioridad o el de inferioridad.

Debemos darle gracias a Dios porque nos hizo únicos, debemos llevar a la cruz nuestros complejos, nuestras inseguridades todo aquello que nos lleva a compararnos.
Hay personas que viven estancados comparándose con otra persona, Dios no quiere que te compares con alguien.

Dios dice NO yo te hice a ti único. Tu aplauso es si cumples mi propósito no lo que hace otra persona.

Las comparaciones que hacen los niños son:

Hay a él le dieron más juguetes que a mi, el helado de él está más grande que el mío.

Lo más parecido a un niño son los adultos que se comparan de la siguiente manera:

Porque el gana más que yo, porque él tiene un carro más bonito que el mío.
De esa manera nos comparamos con los demás sabiendo que Dios nos hizo únicos y nos da lo que realmente merecemos.

Al volverse, Pedro vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre Jesús y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que va a traicionarte?»  Al verlo, Pedro preguntó:
—Señor, ¿y éste, qué?
—Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme no más. (Juan 21:20-22)

Dios dice si quiero darle más plata que a ti ¿a ti qué?, si quiero darle un mejor novio a ella ¿a ti qué? Tu solo sígueme.

Dios nos ama a todos por igual pero tiene un propósito diferente para cada uno de nosotros porque Dios no es injusto con nadie.

Del mismo barro Dios hizo al presidente y a un mendigo.

Cuando nos queramos comparar con alguien recordemos que Dios a todos nos hizo del mismo barro, a algunos los hizo para fines especiales y a otros para fines comunes pero si estás en la gloria de Dios eres de los fines especiales.

Jesús le dice a los discípulos si alguno quiere ser el primero que sea el último de todos, si queremos ser el más importante tenemos que estar dispuestos a ser el último, si quiere ser el más grande tenemos que estar siempre dispuestos a servir, los siervos son los más grandes no los que mandan.

Tiempo después, Caín presentó al Señor una ofrenda del fruto de la tierra. Abel también presentó al Señor lo mejor de su rebaño, es decir, los primogénitos con su grasa. Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró así a Caín ni a su ofrenda. Por eso Caín se enfureció y andaba cabizbajo.
Entonces el Señor le dijo: «¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo? Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo.» (Génesis 4: 3-7)

Al que Dios no confronta es el que esta bajo los planos de Dios (quizá el plan grande era para Cain y no para Abel solo que era una prueba) no se trata del aplauso recibido sino con la intención que hacemos las cosas dice Dios.

Todos sabemos el final de esta historia, Caín por vivir bajo comparaciones terminó en un mundo sin fruto matando a su hermano y envuelto por el pecado.

Cuando te comparas con alguien aunque usted no mate a esa persona es ese mismo espíritu el que ronda por tu vida y que te aleja de Dios, el espíritu que tenía Caín.

Muchas veces tenemos las cosas para hacer pero no las hacemos y otros lo hacen y reciben lo que era para nosotros.

Otra de las comparaciones era la de Moisés y el Faraón, Moisés era medio hermano del Faraón y cuando Dios hace el llamado a Moisés le dice ve y habla con el Faraón porque tu vas a liberar a Israel pero Moisés dice yo no se hablar, es algo como decir mi hermano es el que habla, mi hermano es el que en la mesa cuenta los chistes, mi hermano es el que en la mesa le dicen que cante, él es el que habla. Entonces el Señor le dice acaso no soy yo el que hace la boca de las personas? Ve a hablar que yo me hago cargo de eso.
Dios no da dos oportunidades, él dice y punto. Moisés le dice a Dios que envíe a otro y Dios se enoja con Moisés porque si hay algo que a los padres les da rabia es cuando sus hijos se comparar y eso enoja a Dios.

Muchas veces los padres también empiezan las comparaciones como a decirle a sus hijos tu porque no eres como tu hermano o tu porque no haces lo que hace tu hermano, todos somos diferentes.

Sin importar lo que pase con sus padres lo que tenemos que hacer es quitar esa comparación y clavarla en la cruz, no podemos vivir toda nuestra vida bajo los errores de nuestros padres y debemos comenzar a proclamar cada día. Yo fui formado para un propósito, yo soy una obra maravillosa de Dios, me acepto tal como soy y acepto el propósito que Dios tiene conmigo.

Si queremos avanzar tenemos que dejar de compararnos porque la comparaciones es una potestad que le roba la vida a las personas, las personas que viven bajo la comparaciones viven gobernadas por esa maldición todo el tiempo, viven pendientes de los demás y por eso la bendición de esa persona se convierte en su maldición, la alegría de otros se convierte en su tristeza.

Alégrense con los que están alegres (Romanos 12:15)
Tenemos que estar alegres por los que están alegres porque somos hechos iguales pero para un propósito diferente.

_Comparar significa dividir los buenos y los malos
_Comparar es criticar o juzgar

Una persona que quiere avanzar en vez de estar mirando lo negativo o el diseño del otro sino que dice que puedo aprender, que me va a hacer cada día mejor, que pensó el que yo no hubiera pensado, cual es la raíz del éxito de él , eso es algo que nos edifica y nos enseña.

Muchas veces decimos yo prefiero un predicador que hable y no grite pero estamos comparando.

El preferir nos limita,  al yo pensar eso puedo estar impidiendo la bendición que tiene Dios para mi vida por medio de un predicador que grita ¿por qué? Porque ya estoy dando una opinión ya estoy comparando un estilo con otro y claro cuando viene el manto profético que viene por medio de esa persona yo no la recibo porque Dios es así Dios nos bendice con el ultimo método que hayamos pensado.

No comparemos el antes con el después, ah es que yo me acuerdo que tenía esto pero ahora no, no compares con lo que es pasado porque lo bueno está por venir.

No hay nada más feo que una persona siempre tenga peros, porque el pero es una duda y son personas que dudan a cada rato.

_Una persona está libre del espíritu de comparación cuando reconoce que ellos tienen lo que él no tiene. A esas personas Dios las bendice tremendamente.
_Una persona está libre del espíritu de comparación cuando en lugar de criticar o encontrar lo malo en la competencia muestran lo bueno que tiene.

Siempre va a existir alguien mejor que nosotros o algo mejor que nosotros pero ninguno fue llamado por Dios para ser mejor que otros, nosotros fuimos llamados para ser lo que somos en Cristo Jesús.

Otra comparación y quizá la más importante es la del Ángel llamado Lucero que quería ser como Dios y empezó a hablar mal de Dios y a compararse con el y empezó a decirle a los ángeles como el haría las cosas y su cometido se convirtió en envidia, pero cuando Dios se dio cuenta de eso lo desterró y hoy en día es un Ángel caído conocido como lucifer (satanás) el cual se llevo un tercio de Ángeles con él y hoy en día Satanás hace lo mismo con nosotros poniendo mentiras en nosotros, viene a nosotros y habla en contra de Dios, si queremos crecer tenemos que eliminar toda mentira que tenemos acerca de Dios ¿Quién lo pone? Satanás lo hace. Es mentiroso y padre de toda mentira y lo único que quiere es alejarnos de sus caminos, el diablo lo hace haciéndole creer a la gente que el pecado, que la inmoralidad sexual, que las drogas, que el alcohol es mejor que una vida bajo los principios bíblicos.

Un domingo el 5% de la población está en la iglesia lo cual muestra que el 95% le ha creído las mentiras al diablo, el día en que usted se quedó en su cama o viendo un partido usted le creyó las mentiras al diablo, te dice usted está cansado y el mejor descanso es la cama entonces es ahí donde Dios te dice:

Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. (Mateo 11:28)

Que hace el diablo, quiere subir aplastando a Dios, aplastando a su iglesia,.

El resultado del Diablo fue:

¡Pero has sido arrojado al sepulcro, a lo más profundo de la fosa! (Isaías 14:15)

Ese es el final de todos aquellos que tratan de levantarse aplastando a otros de todo aquel que trata de honrarse deshonrando a otros.

Piensa por un momento las comparaciones que te has estado haciendo con otras personas, las cosas que no tienes y esa persona lo tiene, pídele perdón a Dios por compararte porque él tiene un propósito maravilloso para cada uno de nosotros, deja esa envidia atrás, reconozcamos ante Dios nuestra falla de comparación y agreguémonos a el, solo el sabe que serás tu siguiendo su camino, en tu espíritu busca la a esa persona con la que te has comparado y empieza a pensar quiero compartir tu alegría no quiero compararme quiero alegrarme por tu triunfo. Pídele a Dios que te forme, que te haga una maravillosa persona sin necesidad de compararse.

Dios te hizo, flaquito, gordito, alto, bajito no importa como te haya hecho Dios el tiene un propósito maravilloso para ti y vas a ser un ejemplo para los demás enseñando que no hay necesidad de compararse para lograr el propósito de Dios porque solo en él podemos ser libres de todo engaño y toda comparación.

Dios nos ha hecho a todos por igual pero con un propósito diferente y esa es la diferencia, tu estás con Dios y Dios está contigo por eso cumplirás y vencerás en tu vida. Dale gracias a Dios por lo que hace en tu vida porque lograrás grandes cosas que no has conocido dice su palabra. Dios los bendiga.

Luis Felipe Torres Tovar