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martes, 27 de noviembre de 2012

El derecho a equivocarnos


El Pecado, ¿Noción mandada a recoger?
La noción de pecado ha sido impugnada desde muchos frentes en la edad moderna, como si fuera un concepto primitivo y anacrónico propio de épocas pasadas pero que deberíamos ya dejar atrás. La psicología, especialmente en el campo del psicoanálisis, le restó importancia y en el mejor de los casos lo despojó de sus connotaciones morales por considerarlas lesivas para la autoestima del individuo y con un potencial traumático para la personalidad. Aun la teología cristiana liberal decidió sacar al pecado del cuadro, al punto que la memorable, sucinta pero precisa descripción de esta teología hecha en el siglo XX por el teólogo norteamericano Richard Niebuhr mantiene toda su vigencia al referirse a ella de esta manera: “Un Dios sin ira, lleva a gente sin pecado, a un reino sin juicio, mediante la obra de un Cristo sin cruz”.
Finalmente, el pensamiento secular al consagrar como uno de nuestros presuntos derechos el llamado “derecho al libre desarrollo de la personalidad” le expidió al pecado su carta de defunción, pues implícito en este derecho se encontraría nuestra prerrogativa a equivocarnos como parte irrenunciable del libre y saludable desarrollo de la personalidad.
Así, pues, ante la imposibilidad de esconder de manera absoluta nuestros pecados por mucho que se les quiera justificar o maquillar con fachadas de respetabilidad, hoy hemos optado por disimularlo e incluso hacer ostentación de él al designarlo con uno de los muchos eufemismos que el pensamiento políticamente correcto ha puesto en boga.
Entre estos podemos señalar que ya no es bien visto decir
“prostituta” sino “trabajadora sexual”. No es correcto “sudar” sino “transpirar”. Es ofensivo señalar la “raza” de alguien, pues ya no existen las razas sino las “etnias”. Por consiguiente ya ni de cariño se le puede decir “negro” a alguien, así lo sea, sino que hay que referirse a él como “afrodescendiente”. Pero tampoco se le puede decir “blanco” al individuo de cabello y ojos claros y con escasa pigmentación en su piel, sino “caucásico”. Si alguien se nos acerca con “mal aliento” es solo impresión nuestra, puesto que lo que en realidad tiene es “halitosis”. Y si tiene el pésimo gesto de soltar “gases” en público ya no se le puede reprender, sino compadecerlo por sus incontinentes “flatulencias”. Algunos incluso han llegado a creer que “político” es un eufemismo para “corrupto” al punto de señalar como una redundancia la expresión “políticos corruptos”. ¡A tal grado de imperdonable confusión nos ha conducido el pensamiento políticamente correcto! Pero, bromas aparte, de la mano de este sistemático recurso a los eufemismos consagrado por el pensamiento políticamente correcto hemos llegado a creer que ya no cometemos “pecados” sino que, a lo sumo, cometemos “errores”. Y lo hacemos debido a que éste es, al fin y al cabo, nuestro derecho. Después de todo “errar es humano” reza la sabiduría popular, pues “nadie es perfecto”. Expresiones populares que han dejado de ser una descripción de nuestra condición humana caída que admitimos y lamentamos con pesar, para convertirse en derechos inalienables que ya no afectan nuestra conciencia pues los damos por sentados con indiferencia o les prestamos escasa atención, cuando no los exhibimos con desvergonzado descaro.
Al amparo de todo lo anterior la expresión “perdonar es divino” ha dejado también de ser una forma de referirse a la inmerecida gracia que Dios concede a los seres humanos en Cristo, para transformarse en una obligación que Dios tiene para con los seres humanos, pues debe aceptarnos como somos, con todos nuestros errores e imperfecciones, y con mayor razón si somos creación suya.
En el ámbito de la iglesia es cada vez más habitual que los cristianos digan “cometí un error” cuando deberían decir “cometí un pecado”, como si ambas expresiones fueran intercambiables entre sí. Pero no es así pues el error puede ser disculpado pero el pecado sólo puede ser perdonado. Más exactamente, el error se arregla con una disculpa, el pecado únicamente con arrepentimiento y confesión. El motivo por el que llamamos error al pecado es la intención de mitigar su gravedad despojándolo de sus connotaciones éticas y morales para no tener que rendirle a Dios cuentas por él. Contrasta el hecho de que, mientras nosotros llamamos error al pecado para mitigar su gravedad, el rey David llamaba pecado a sus errores pidiendo perdón a Dios por ellos: “¿Quién está consciente de sus propios errores? Perdóname aquellos de los que no estoy consciente!” (Sal. 19:12). No le faltó razón a George Soros al declarar: “Cuando se comprende que la condición humana es la imperfección… ya no resulta vergonzoso equivocarse, sino persistir en los errores”.
Resulta muy dudoso llamar “errores” a acciones humanas como las que ocupan todos los días los titulares y las primeras páginas de todos los medios de comunicación en esta “aldea global” en que se ha convertido nuestro mundo. Son justamente las inocultables y dolorosas consecuencias de nuestros “errores” las que han llevado a la sociedad secular a tener que lidiar con ellas con desventaja, tratando de hallar su causa en fuentes externas al individuo, como si éste último fuera tan sólo una víctima de las circunstancias y cuya conducta salpicada de “errores” fuera simplemente una inevitable reacción condicionada por el entorno en que le ha tocado vivir.
Los psicólogos y sociólogos conductistas piensan que bastaría modificar este entorno para reducir y llegar a erradicar los “errores” en las vidas de las personas, intención muy loable pero al mismo tiempo ingenua pues insiste en ubicar en el lugar equivocado la causa de los mal llamados errores humanos.
La psicología y las ciencias sociales han contribuido de este modo a atenuar la gravedad de la culpa de los pecadores que transgreden las leyes humanas y divinas, lastimando a la sociedad de la que forman parte. Tanto así que muchos están convencidos de que, como lo afirma Jack Beatty: “La violencia en las calles tiene contextos sociales, no causas sociales”. Así, se dice que el contexto social condiciona la conducta de los transgresores de tal modo que pareciera que no les quedara más opción que actuar de la manera en que lo hacen. Incluso sus motivos para actuar de este modo estarían, entonces, determinados por el contexto social en el que les ha tocado vivir. Son simples víctimas de sus circunstancias.
En realidad, el pecado humano no se explica, —ni mucho menos justifica—, entendiendo los contextos sociales en los que tiene lugar y ni siquiera los motivos conscientes esgrimidos por los transgresores. Por eso, modificar favorablemente los contextos sociales podrá disminuir los delitos, pero no eliminarlos de ningún modo, pues los transgresores, pecadores irredentos, encontrarán nuevos motivos que les sirvan de pretexto para tratar de justificar sus transgresiones. No debemos, por tanto, confundir contextos, motivos y causas. Las ciencias podrán entender los contextos y hasta descubrir y explicar los motivos de la errática conducta humana, pero la verdadera causa de ella será para la ciencia siempre un misterio profundo cuyo poder escapa a su comprensión y que forma parte de lo que el apóstol llamó: “… el misterio de la maldad” (2 Tes. 2:7).
La Biblia penetra en este misterio, revelándonos que la causa de la maldad humana no radica en los contextos ni en los motivos, sino en una universal y radical corrupción de nuestra naturaleza que remonta sus orígenes a la caída en pecado de nuestros primeros padres Adán y Eva, en lo que se conoce como la doctrina del pecado original. A la luz de lo que vemos a diario en los noticieros de la noche y a nuestro alrededor, la doctrina del pecado original se vuelve una explicación tan lógica que se cae de su peso.
Sin embargo, la sociedad secular cierra sus ojos a esta lógica. No por nada el prestigioso psiquiatra Thomas Szazs decía con tono mordaz que “los criminales ya no son ejecutados; son tratados” añadiendo luego: “En realidad, la mayor parte de los criminales es normal, e incluso suficientemente inteligente para llevar a cabo crímenes muy complejos”. Y no se trata aquí de protestar contra los que impugnan la pena de muerte para los criminales sino más bien de protestar contra quienes niegan o atenúan su culpabilidad personal, ya sea atribuyendo su comportamiento criminal a causas congénitas, o peor aún: dispersándola en la sociedad de la que forman parte, cuyos miembros llegamos a ser “coculpables” con ellos al haber contribuido de algún modo a configurar la situación social que propició sus crímenes o que, al menos, los hizo posibles. Asimismo, al diagnosticar locura a los criminales acallamos nuestra propia conciencia rotulándolos como “enfermos”, incapaces de admitir la posibilidad de que en nosotros mismos exista un potencial para la maldad como el que los criminales en cuestión manifiestan. Así, pues, transformamos a los criminales atroces, de malvados y culpables, en enfermos y víctimas, para poder así dormir nosotros mismos con la conciencia tranquila.
Los “locos” se convierten así en los chivos expiatorios de las culpas de la sociedad de turno, de la mano de una “ciencia” que quiere hacernos creer que no somos realmente responsables por nuestros actos, pues estos estarían absolutamente condicionados por los genes, el medio ambiente o el entorno social, o todos juntos. Como quiera que sea, los “locos” incomodan a la sociedad porque dejan al descubierto el potencial para el mal de nuestra humana naturaleza o, en otras palabras, nuestra latente perversidad producto de nuestra naturaleza caída. Naturaleza caída que se comienza a manifestar, paradójicamente, en el escándalo que nos produce la misma noción de pecado.
De hecho una de las experiencias más exasperantes del ministerio pastoral en la que debemos con frecuencia declararnos impotentes, es tratar de llevarles el evangelio a esos “hombres de bien”, trabajadores y satisfactoriamente responsables en sus hogares con sus esposas e hijos, que pagan sus impuestos cumplidamente y que, en sus propias palabras “no le hacen mal a nadie”. Gente que no desentona para mal pero tampoco se destaca para bien. Personajes que pueden aceptar de manera entusiasta muchos de los aspectos del evangelio, incluso los milagros, pero que cuando se menciona el pecado, se retiran de la conversación y cambian el tema, algo incómodos, debido a que supuestamente eso no tiene nada que ver con ellos, gente imperfecta, por supuesto, pero al final de cuentas “gente de bien”.
La humanidad prefiere permanecer sumida en la mediocridad de las masas que reconocer la realidad del pecado en su propia vida. Prefiere moverse con algo de solvencia en la línea de los promedios o los estándares sociales. Prefiere ser parte de aquellos a quienes C. S. Lewis se refirió como esa mayoritaria “… infrahumanidad más o menos satisfecha”, por contraste con el minoritario grupo de “… grandes pecadores… capaces de auténtico arrepentimiento, pues son conscientes de su verdadera culpabilidad”. Pero por nuestro propio beneficio, haríamos bien en reconocer que todos formamos parte de este último grupo. El grupo de quienes dejan de considerar como simples “errores” todas sus salidas en falso y comienzan a llamarlos por su nombre verdadero que no es otro que “pecado” y renuncian de paso a seguir esgrimiendo sus errores y pecados como derechos adquiridos por el simple hecho de haber nacido en este mundo.

Por: Arturo Rojas*

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Comparaciones

No te compares


No te irrites a causa de los impíos, ni envidies a los que cometen injusticias; porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto. (Salmo 37: 1-2)

Uno de los obstáculos que nos impide avanzar es el compararnos, cuando nosotros nos comparamos con otros eso va impedir que avancemos.

En nuestra vida necesitamos puntos de referencia no para compararnos con ellos si no para que esos puntos de referencia sean un desafío para nuestras vidas.

Cuando nos compramos con alguien podemos tener un complejo de superioridad o el de inferioridad.

Debemos darle gracias a Dios porque nos hizo únicos, debemos llevar a la cruz nuestros complejos, nuestras inseguridades todo aquello que nos lleva a compararnos.
Hay personas que viven estancados comparándose con otra persona, Dios no quiere que te compares con alguien.

Dios dice NO yo te hice a ti único. Tu aplauso es si cumples mi propósito no lo que hace otra persona.

Las comparaciones que hacen los niños son:

Hay a él le dieron más juguetes que a mi, el helado de él está más grande que el mío.

Lo más parecido a un niño son los adultos que se comparan de la siguiente manera:

Porque el gana más que yo, porque él tiene un carro más bonito que el mío.
De esa manera nos comparamos con los demás sabiendo que Dios nos hizo únicos y nos da lo que realmente merecemos.

Al volverse, Pedro vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre Jesús y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que va a traicionarte?»  Al verlo, Pedro preguntó:
—Señor, ¿y éste, qué?
—Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme no más. (Juan 21:20-22)

Dios dice si quiero darle más plata que a ti ¿a ti qué?, si quiero darle un mejor novio a ella ¿a ti qué? Tu solo sígueme.

Dios nos ama a todos por igual pero tiene un propósito diferente para cada uno de nosotros porque Dios no es injusto con nadie.

Del mismo barro Dios hizo al presidente y a un mendigo.

Cuando nos queramos comparar con alguien recordemos que Dios a todos nos hizo del mismo barro, a algunos los hizo para fines especiales y a otros para fines comunes pero si estás en la gloria de Dios eres de los fines especiales.

Jesús le dice a los discípulos si alguno quiere ser el primero que sea el último de todos, si queremos ser el más importante tenemos que estar dispuestos a ser el último, si quiere ser el más grande tenemos que estar siempre dispuestos a servir, los siervos son los más grandes no los que mandan.

Tiempo después, Caín presentó al Señor una ofrenda del fruto de la tierra. Abel también presentó al Señor lo mejor de su rebaño, es decir, los primogénitos con su grasa. Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró así a Caín ni a su ofrenda. Por eso Caín se enfureció y andaba cabizbajo.
Entonces el Señor le dijo: «¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo? Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo.» (Génesis 4: 3-7)

Al que Dios no confronta es el que esta bajo los planos de Dios (quizá el plan grande era para Cain y no para Abel solo que era una prueba) no se trata del aplauso recibido sino con la intención que hacemos las cosas dice Dios.

Todos sabemos el final de esta historia, Caín por vivir bajo comparaciones terminó en un mundo sin fruto matando a su hermano y envuelto por el pecado.

Cuando te comparas con alguien aunque usted no mate a esa persona es ese mismo espíritu el que ronda por tu vida y que te aleja de Dios, el espíritu que tenía Caín.

Muchas veces tenemos las cosas para hacer pero no las hacemos y otros lo hacen y reciben lo que era para nosotros.

Otra de las comparaciones era la de Moisés y el Faraón, Moisés era medio hermano del Faraón y cuando Dios hace el llamado a Moisés le dice ve y habla con el Faraón porque tu vas a liberar a Israel pero Moisés dice yo no se hablar, es algo como decir mi hermano es el que habla, mi hermano es el que en la mesa cuenta los chistes, mi hermano es el que en la mesa le dicen que cante, él es el que habla. Entonces el Señor le dice acaso no soy yo el que hace la boca de las personas? Ve a hablar que yo me hago cargo de eso.
Dios no da dos oportunidades, él dice y punto. Moisés le dice a Dios que envíe a otro y Dios se enoja con Moisés porque si hay algo que a los padres les da rabia es cuando sus hijos se comparar y eso enoja a Dios.

Muchas veces los padres también empiezan las comparaciones como a decirle a sus hijos tu porque no eres como tu hermano o tu porque no haces lo que hace tu hermano, todos somos diferentes.

Sin importar lo que pase con sus padres lo que tenemos que hacer es quitar esa comparación y clavarla en la cruz, no podemos vivir toda nuestra vida bajo los errores de nuestros padres y debemos comenzar a proclamar cada día. Yo fui formado para un propósito, yo soy una obra maravillosa de Dios, me acepto tal como soy y acepto el propósito que Dios tiene conmigo.

Si queremos avanzar tenemos que dejar de compararnos porque la comparaciones es una potestad que le roba la vida a las personas, las personas que viven bajo la comparaciones viven gobernadas por esa maldición todo el tiempo, viven pendientes de los demás y por eso la bendición de esa persona se convierte en su maldición, la alegría de otros se convierte en su tristeza.

Alégrense con los que están alegres (Romanos 12:15)
Tenemos que estar alegres por los que están alegres porque somos hechos iguales pero para un propósito diferente.

_Comparar significa dividir los buenos y los malos
_Comparar es criticar o juzgar

Una persona que quiere avanzar en vez de estar mirando lo negativo o el diseño del otro sino que dice que puedo aprender, que me va a hacer cada día mejor, que pensó el que yo no hubiera pensado, cual es la raíz del éxito de él , eso es algo que nos edifica y nos enseña.

Muchas veces decimos yo prefiero un predicador que hable y no grite pero estamos comparando.

El preferir nos limita,  al yo pensar eso puedo estar impidiendo la bendición que tiene Dios para mi vida por medio de un predicador que grita ¿por qué? Porque ya estoy dando una opinión ya estoy comparando un estilo con otro y claro cuando viene el manto profético que viene por medio de esa persona yo no la recibo porque Dios es así Dios nos bendice con el ultimo método que hayamos pensado.

No comparemos el antes con el después, ah es que yo me acuerdo que tenía esto pero ahora no, no compares con lo que es pasado porque lo bueno está por venir.

No hay nada más feo que una persona siempre tenga peros, porque el pero es una duda y son personas que dudan a cada rato.

_Una persona está libre del espíritu de comparación cuando reconoce que ellos tienen lo que él no tiene. A esas personas Dios las bendice tremendamente.
_Una persona está libre del espíritu de comparación cuando en lugar de criticar o encontrar lo malo en la competencia muestran lo bueno que tiene.

Siempre va a existir alguien mejor que nosotros o algo mejor que nosotros pero ninguno fue llamado por Dios para ser mejor que otros, nosotros fuimos llamados para ser lo que somos en Cristo Jesús.

Otra comparación y quizá la más importante es la del Ángel llamado Lucero que quería ser como Dios y empezó a hablar mal de Dios y a compararse con el y empezó a decirle a los ángeles como el haría las cosas y su cometido se convirtió en envidia, pero cuando Dios se dio cuenta de eso lo desterró y hoy en día es un Ángel caído conocido como lucifer (satanás) el cual se llevo un tercio de Ángeles con él y hoy en día Satanás hace lo mismo con nosotros poniendo mentiras en nosotros, viene a nosotros y habla en contra de Dios, si queremos crecer tenemos que eliminar toda mentira que tenemos acerca de Dios ¿Quién lo pone? Satanás lo hace. Es mentiroso y padre de toda mentira y lo único que quiere es alejarnos de sus caminos, el diablo lo hace haciéndole creer a la gente que el pecado, que la inmoralidad sexual, que las drogas, que el alcohol es mejor que una vida bajo los principios bíblicos.

Un domingo el 5% de la población está en la iglesia lo cual muestra que el 95% le ha creído las mentiras al diablo, el día en que usted se quedó en su cama o viendo un partido usted le creyó las mentiras al diablo, te dice usted está cansado y el mejor descanso es la cama entonces es ahí donde Dios te dice:

Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. (Mateo 11:28)

Que hace el diablo, quiere subir aplastando a Dios, aplastando a su iglesia,.

El resultado del Diablo fue:

¡Pero has sido arrojado al sepulcro, a lo más profundo de la fosa! (Isaías 14:15)

Ese es el final de todos aquellos que tratan de levantarse aplastando a otros de todo aquel que trata de honrarse deshonrando a otros.

Piensa por un momento las comparaciones que te has estado haciendo con otras personas, las cosas que no tienes y esa persona lo tiene, pídele perdón a Dios por compararte porque él tiene un propósito maravilloso para cada uno de nosotros, deja esa envidia atrás, reconozcamos ante Dios nuestra falla de comparación y agreguémonos a el, solo el sabe que serás tu siguiendo su camino, en tu espíritu busca la a esa persona con la que te has comparado y empieza a pensar quiero compartir tu alegría no quiero compararme quiero alegrarme por tu triunfo. Pídele a Dios que te forme, que te haga una maravillosa persona sin necesidad de compararse.

Dios te hizo, flaquito, gordito, alto, bajito no importa como te haya hecho Dios el tiene un propósito maravilloso para ti y vas a ser un ejemplo para los demás enseñando que no hay necesidad de compararse para lograr el propósito de Dios porque solo en él podemos ser libres de todo engaño y toda comparación.

Dios nos ha hecho a todos por igual pero con un propósito diferente y esa es la diferencia, tu estás con Dios y Dios está contigo por eso cumplirás y vencerás en tu vida. Dale gracias a Dios por lo que hace en tu vida porque lograrás grandes cosas que no has conocido dice su palabra. Dios los bendiga.

Luis Felipe Torres Tovar





jueves, 27 de septiembre de 2012

Dios nos ama


Uno de los versículos centrales de la Biblia y por ende base de la fe cristiana, es Juan 3.16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Esta es una preciosa afirmación hecha por el Apóstol Juan y revela la razón de Dios Padre al enviar a su Hijo por nosotros.
Hoy reconozco que muchas veces al leer este versículo no capté la magnitud del mensaje, no capté su esencia. Hasta que ví que entre las letras que conforman la palabra mundo se escondía mi nombre. Fue ahí que entendí que el amor que llevó a Dios Padre a enviar a su Hijo unigénito es un amor personal.
Bien podríamos escribir el versículo de esta manera “Porque de tal manera me amó Dios, que dio a su Hijo unigénito, para que creyendo en El, no me pierda, mas tenga vida eterna” (cursivas y subrayado añadidos míos). Fue como si el versículo hubiese saltado de la Biblia a mis ojos, como si hubiese tomado vida.
“Me amó Dios.” Pero ¿Cómo es eso que Dios me ama? Y ¿Por qué? No es fácil responder a estas preguntas, pero podríamos empezar por aceptar la inmutable verdad de que Dios nos ama. Dios nos ama a cada uno de nosotros, pero no de manera general sino de manera individual. Si! Dios te ama, lo creas o no. Es fácil decir esto pero es difícil asimilarlo, sin embargo todos relacionamos a Dios con el amor. Decimos “Dios es amor” y razón tenemos, pues esta es una de las características de Dios. El amor de Dios no tiene un motivo o una razón específica, no tiene un principio determinado, no puede ser influenciado, no te lo puedes ganar, no tiene fin, simplemente es. Dios te ama.
Muy a pesar de esta realidad nos enfrentamos a menudo con la duda, con la idea de que tal vez Dios no me ama. O tal vez estamos completamente seguros de que Dios nos ama y sin embargo algo nos roba la seguridad que tal afirmación tiene. Puede que una parte de nosotros no este tan segura y nos esté impidiendo disfrutar plenamente lo que significa saberse amado por Dios.
Tal vez las siguientes preguntas nos pueden ayudar un poco a reflexionar en esto. Por favor, tomate un tiempo antes de responderte estas preguntas y pidele a Dios que guie tus pensamientos a través de su Espíritu Santo. Es mi deseo que el Señor te bendiga para que sigas creciendo en el conocimiento de su Palabra, en el conocimiento de su verdad.
¿Crees que Dios te ama?
¿Eres consiente de esa realidad?
¿Has dudado que Dios te ama?
¿Te sientes amado por Dios?
¿Puedes ver el amor de Dios en tu vida?
 Si dices que Dios te ama, ¿Crees que te ama mucho? ¿Poquito? ¿A veces? ¿Nada? Pues Jesús no dio un poquito de su sangre ni tampoco mucha, la dio toda. ¿Sabes porqué lo hizo? ¿Sabes porque Jesús fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz? Para reconciliarte con Dios, para salvarte. Pero ¿porqué? Y la pregunta no tiene como fin buscar por qué necesitabas reconciliarte con Dios, no va dirigida a saber de que te salvó tu Dios sino el porque lo hizo. En la Biblia NO se nos dice que los hombres le pidieron un plan de salvación a Dios y mucho menos que fuera gratis. No hubo un hombre que intercediera por la humanidad ante Dios pidiéndole un plan de salvación, como en su tiempo lo hizo Abraham pidiendo por la salvación de Sodoma y Gomorra (Génesis 18.20-33). No fue que Dios le dijo al Espíritu Santo “Espíritu Santo a que no te imaginas lo que me acaba de pedir Pepe el andaluz, me ha pedido un plan de salvación para toda la humanidad, me ayudas a convencer a Jesús para que vaya?”. Esto NO fue idea del hombre.
¿Cuál fue el motivo que llevó a Dios a idear un plan de salvación para ti? Un plan en el cual utilizó una cantidad incontable de personas, entre ellos profetas, reyes y pescadores, hombres y mujeres. Un plan el cual aun es predicado hoy en día (y gracias a Dios por esto), un plan por el cual muchos murieron por atreverse a proclamar.
Amigos, no puedo pretender explicar lo que yo mismo no entiendo. Sólo se que el amor de Dios por mí y por ti es real. El amor de Dios se hizo carne y habitó en medio de los hombres. No hay demostración más grande de amor que el de aquel que da su vida por sus amigos (Juan 15.13). Jesús dejó su trono, bajó a la tierra, habitó entre nosotros y dio su vida para reconciliarnos con Dios (Filipenses 2.5-8). Esta es pues la confirmación del amor de tu Padre Celestial. Dios ha dado todo por ti, hasta a su único Hijo y nada hay que El no haría por ti (Romanos 8.31-32).
 No permitas pues Amigo que la duda eche raíces en tu corazón, no permitas que pensamientos que son contrarios a los de Dios influyan en tu mente, no permitas que el diablo o el mundo te roben la seguridad que tienes en Cristo y todo lo que esto significa. Dios te cuida, te abraza, te canta, te ama, te consuela, te esfuerza, te sostiene, es tu escudo y tu lanza, tu roca fuerte, tu fortaleza. Es tu Padre Celestial que desde el vientre te conoció, te ha visto llorar y reír, te puso nombre y nada ni nadie podrá arrancarte de sus manos pues suyo eres.
Gracias Señor porque a pesar de que nos conoces nos amas

Necesitamos movimiento


Enseguida Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se le adelantaran al otro lado, a Betsaida, mientras el despedía a la multitud. (Marcos 6:45)
En la madrugada, vio que los discípulos hacían grandes esfuerzos para remar, pues tenían el viendo en su contra. Se acercó a ellos caminando sobre el lago, e iba a pasarlos de largo (Marcos 6:48).
Seguramente te habrá pasado en algún momento de tu vida, que empiezas a ver como otras personas siguen adelante y pasan por tu lado de largo, de hecho tal vez llegaste a pensar que Dios te abandono y te dejo solo.
Esto nos sucede por que a medida que avanzamos sentimos un seguro durante el trayecto del camino y decidimos quedarnos en ese seguro, pero seguramente cuando ibas avanzando Dios iba a tu lado pero como paraste para asegurarte Dios siguió de largo, por que recordemos que Dios siempre sigue adelante.
Jesús tuvo una vida de riesgo continuo, él nunca se detuvo, siempre siguió adelante, y aunque sintiera seguro en algunos trayectos de su vida, tomo la decisión de seguir y no parar por que sabia que su riesgo lo llevaría a la gloria y aunque sufrió por nosotros y siguió avanzando por nosotros, ahora se encuentra en la gloria y esta sentado a la diestra de Dios padre para interceder por nosotros por que nos AMA. Así es Dios en nuestra vida, nosotros paramos pero el sigue, él se mueve constantemente, así quiere Dios que nos movamos, que corramos el riesgo, recordemos que si el Rey esta de nuestra parte no hay nadie que nos pueda detener, y estando a nuestro lado somos muros imparables, nadie nos podrá detener en nuestro propósito.
Si nos quedamos seguros nos vamos a estancar y Jesús seguirá de largo, no podemos alejarnos del Rey por que es el que nos da la fuerza para seguir adelante.
Los discípulos al verlo caminar sobre el agua, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar (Marcos 6:49)
Cuando vamos en el trayecto de nuestras vidas y decidimos detenernos por que nos sentimos seguros, seguramente vamos a llorar y vamos a sentirnos solos sin nadie que nos ayude.
Llenos de miedo por lo que veían. Pero El hablo enseguida con ellos y les dijo: Cálmense soy yo. No tengan miedo. (Marcos 6:50)
Dios siempre tiene una ultima jugada para nosotros en momentos de depresión para nosotros y nos ayuda a seguir adelante y a medida que vamos avanzando vamos dejando al mundo desmoronarse a tras.
Subió entonces a la barca con ellos, y el viento se calmó, estaban sumamente asombrados. (Marcos 6:51)
Cuando Dios se mueve en nuestras vidas sentimos paz y tranquilidad a la hora de seguir adelante, seguros que lograremos todos nuestros propósitos con su ayuda. Porque movernos con Dios es movernos hacia lo asombroso. Pero para que Dios se mueva en nosotros hace falta un acercamiento de nuestra parte hacia a El.
Veámoslo de esta forma, las puertas de un supermercado que tienen lector de movimiento cuando nos acercamos abre las puertas pero cuando nos alejamos las cierra. De esa manera es que Dios se mueve en nosotros, cada vez que nos acercamos a él con disposición el abre sus puertas y nos da TODO.
Necesitamos experimentar el asombro del movimiento de Dios en nuestras vidas.
Así que pensó: que increíble! Voy a ver por qué no se consume la zarza. (Éxodo 3:3)
Cuando sentimos curiosidad de Dios definitivamente es un llamado que él nos hace, acercarnos a Dios es la única manera de experimentar su gracia pero para hacerlo tenemos que tener un corazón dispuesto para recibir a Cristo como señor y salvador en nuestro corazón por que él es el camino recto para llegar a Dios. Acerquémonos a Dios y no nos estanquemos por que si nos quedamos quietos no pasa nada.
Cuando el Señor vio que moisés se acercaba a mirar, lo llamo desde la zarza: ¡Moisés, Moisés! Aquí me tienes respondió.
Dios esta pendiente de nosotros todo el tiempo y cuando tenemos disposición de acercarnos a el escuchamos su llamado. Porque cuando me muevo Dios me habla tiene algo para decirme. Seguramente cuando Dios dice dos veces tu nombre así como lo hizo con moisés es por que grandes cosas están apunto de suceder en tu vida, solo necesitas creerle a Dios y seguir por su camino de su lado y corriendo el riesgo. Necesitamos estar dispuestos a su llamado y ser como moisés simplemente decir AQUÍ ME TIENES para que Dios obre en nuestras vidas.
Siempre y cuando obedezcas al SEÑOR tu Dios y cumplas sus mandamientos y preceptos, escritos en este libro de la Ley, y te vuelvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y toda tu alma. (Deuteronomio 30:10)
Necesitamos disposición y propósito para cercarnos a Dios, muchas veces pensamos en que Dios no nos habla o que Dios no nos da nada o no nos escucha, pero es por que no tenemos disposición de todo corazón y alma para seguir su camino, hacemos caminos de doble animo y eso nos aleja cada vez mas del Señor.
Pero que pida con fe, sin dudar, por que quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado para otro por el viento. Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor; es indeciso e inconstante en todo lo que hace. (Santiago 1:6-8)
Si no meto nada, no tengo nada. Si no tenemos disposición para seguir su camino no vamos a obtener nada. Acerquémonos para que haya victoria en nuestra vida.
CONFIEN EN EL SEÑOR Y SERÁN BENDECIDOS.
Por fin recapacitó y se dijo: ¨¡cuantos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra, y yo aquí me muero de hambre! (Lucas 15:17)
Cuando tenemos la edad de poder razonar normalmente nos alejamos de Dios nuestro padre celestial, por la vida que nos muestra el mundo, para volver a su gloria tenemos que tener disposición  y recibirlo de todo corazón.
SI QUIERO VER GLORIA EN MI VIDA TENGO QUE VOLVER CON MI PADRE
Tengo que volver a mi padre y decirle: Papa, he pecado contra el cielo y contra ti. (Lucas 15:18)
Seguramente como todo padre siempre que su hijo se aleja de su familia, lo espera con los brazos abiertos el día de su regreso.
El Señor nos ama infinitamente por eso el siempre esta dispuesto para los hijos que decidan acercarse mas a él y mostrarles su gracia y su poder en nosotros.
Así que emprendió el viaje y se fue a su padre. »Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó. (Lucas 15:20)

Nuestra vida es como una película, donde nosotros somos nuestros propios protagonistas y Dios es nuestro director, donde tenemos que seguir avanzando para poder terminar y disfrutar de nuestro progreso, de esa manera es el movimiento en Cristo, por que si nos movemos con El nos acercaremos a Dios y veremos su Gloria sobre nosotros.
Recuérdalo, fuimos hechos y criados por nuestro padre celestial, nos alejamos pero el nos espera con los brazos abiertos, solo necesitamos tener la disposición para que Dios empiece a hablarnos y a decirnos que es lo que tenemos que hacer para cumplir su propósito en nuestra vida, que seguramente es tan grande que ganaríamos naciones enteras si no lo proponemos.
MUCHACHOS RECAPACITEN Y RECUERDEN QUE DIOS NOS ESPERA CON LOS BRAZOS ABIERTOS, NO DESAPROVECHEMOS SU FRUTO.
La juventud se hizo para hacer la diferencia en nuestra generación y nada como hacer una generación para Cristo.

Predica: PAC
Luis Felipe Torres Tovar

Cambios de vida


SOLO PARA ALGUIEN QUE NECESITA ESTA PALABRA...

Muchas veces vives rodeado de gente que no te bendice (no hablo de los inconversos a quien debes predicarles siempre) sino de gente que por alguna razón se mete dentro de tu círculo íntimo y como vampiros te absorben la energía, te drenan la unción, te quitan la paz y te desgastan el día.

Tu tarea consiste en tratar de evitarlos y esquivar la mayor cantidad posible de este tipo de gente; muy pocos merecen el derecho a tu intimidad, y por tu salud espiritual, mental y emocional, es bueno que te rodees de gente espiritual, personas íntegras que te sumen y no te resten. 

No le abras el corazón a cualquiera, no compartas tus sueños privados con todos (porque pueden odiar tu túnica de colores) y por sobre todo, nunca te asocies con alguien que está fuera de la voluntad de Dios, porque por mas buenas intenciones que tenga "Jonás", si te lo subes a tu barco...te lo va a hundir.

Y hazte un favor: Si Dios te muda a otro nivel, tampoco insistas con llevarte contigo a "Lot". Hay personas que fueron útiles a tu vida solo en determinada etapa de tu pasado, no quieras ser mas bueno que Dios, no quieras llevarte nada de Egipto a tu nueva vida, porque te traerá grandes dolores de cabeza.

A veces, si realmente quieres subir a un nuevo nivel de intimidad con Dios, vas a tener que cambiar tu número de teléfono, depurar tus amistades, cambiar de aire, limpiar tu entorno de relaciones tóxicas...o como hizo un amigo mío, grabando en su contestadora el siguiente mensaje:

"Te comunicaste con mi número privado. Estoy haciendo cambios radicales en mi vida porque necesito pasar a otro nivel espiritual. Por favor, deja tu mensaje después de la señal. Y si no respondo tu llamado...es porque es probable que seas parte de esos cambios!!!"

Pastor Dante Gebel.